04.05.2011 10:50:58
El Cine y el Arte según los Creadores2.0

Agua para elefantes, por Juan L. Camazón

¡Señoras y señores!¡Niños y niñas! Prepárense para prensenciar un acontecimiento irrepetible. Un doble salto mortal. Nuestro acróbata estrella no necesita presentaciones: Robert Pattison. Eso es a lo que el vampiro "vegetariano" más famoso del celuloide se enfrenta en los próximos 120 minutos. Pero no viene solo. Cuenta con la inestimable ayuda de, nada más y nada menos, que los ganadores de sendos Oscars: Reese Whiterspoon y Christoph Waltz.

La adaptación de una novela que durante dos años ha permanecido en la lista de los best sellers de The New York Times y que ha sido traducida a más  de 44 idiomas es el vehículo elegido para tan magna hazaña. Pero a estas alturas de su carrera, Pattinson no se puede permitir una caída y por ello coloca una red para que el golpe sea menos duro. Agua para elefantes le ofrece al actor una historia de amor con la que encandilar a todo ese público, mayoritariamente femenino, que daría una buena dosis de su sangre por su vampiro favorito (...)
La película, basada en la obra de Sara Gruen, nos ofrece el típico, quizá demasiado, triángulo amoroso que cualquier melodrama que se precie necesita. En esta ocasión la acción transcurre en el complicado mundo del circo que Francis Lawrence
ha sabido mostrarnos gracias a la contraposición de la majestuosidad de las carpas que se levantan ante nuestros ojos y de la claustrofobia de los vagones en los que la compañía circense vive, o mejor dicho sobrevive, durante la Gran Depresión. Todo ello acompañado de un correcto trabajo de dirección artística y de vestuario que junto a la hermosa fotografía de Rodrigo Prieto, nominado al Oscar por su trabajo en Brokeback Mountain, dan empaque a un producto final carente de la emoción que a priori se le presupone a este tipo de historias. Y es que este triángulo circense no llega a absorber al espectador como debería.

En un lado de la pista nos encontramos, como ya he mencionado más arriba, al ídolo de jovencitas y no tan jovencitas que atiende al nombre de Robert Pattinson ejerciendo de chico atormentado pero idealista que rompe con todo tras una desgracia familiar. Al otro lado, el siempre solvente Christoph Waltz reflejando a la perfección la crudeza y maldad de una época difícil durante la que algunos son capaces de cualquier cosa con tal de sobrevivir. Y en el centro, la novia de América, Reese Whiterspoon, cómoda en sus vestidos de los años 30 y en su papel de oscuro objeto de deseo de los vértices del triángulo. Pero algo falla en esta ecuación. Si bien Whiterspoon y Waltz logran transmitirnos las relaciones de posesión-agradecimiento existentes entre el matrimonio formado por el dueño del circo y su artista principal, cuando llega el turno de la pareja principal de la historia el espectador está esperando una chispa y una pasión que no terminan de llegar. La promoción de la película ha estado salpicada por los “piropos” que Whiterspoon le ha dedicado a su compañero de reparto. Rumores aparte, lo que está claro es que si bien cada uno ha sabido mostrarnos las motivaciones que rigen las vidas de sus personajes, falta la química necesaria para que recordemos este romance más allá de la sala del cine.

Agua para elefantes puede que no provoque la ovación unánime del público debido a su excesiva corrección pero tampoco nos hayamos ante despojos con los que alimentar a las fieras. Robert Pattinson aprueba por los pelos el examen a la espera de su próxima historia de amor, esta vez en los brazos de Uma Thurman. El espectáculo debe continuar.

 


  juan l. camazón | francis lawrence | robert pattinson | reese witherspoon | christoph waltz
 

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